Agustín: tantas ceremonias de hombres, que es más tolerable la condición de los judíos (c. 400)
Escribiendo a Jenaro, Agustín se queja de que lo que la Escritura manda se cuida menos que las costumbres introducidas por los hombres, hasta el punto de que se corrige con más dureza a quien pisó la tierra descalzo en su octava que a quien sepultó su mente en el vino. Lo que no está en la Escritura, ni en los concilios, ni en la costumbre de la Iglesia universal, y varía de un lugar a otro sin que se sepa por qué se estableció, cree que debe suprimirse sin dudarlo: aunque no sea contrario a la fe, oprime con cargas serviles a la religión, que Dios quiso libre, con poquísimos y clarísimos sacramentos, «de modo que es más tolerable la condición de los judíos», sometidos a las cargas de la ley y no a las invenciones humanas.
Agustín no enseña aún la regla reformada: admite lo que establecen los concilios y la costumbre universal. Pero su queja va en la dirección de Mateo 15, y la hizo más de once siglos antes de que Trento fundara las ceremonias en la tradición.