El canto y los instrumentos: lo que la tradición dejó a la misa (1562)
La música entró en la misa por la misma puerta que las luces, el incienso y las vestiduras: como ayuda exterior para elevar el ánimo, y por costumbre recibida. El concilio de Trento no la instituyó, pero la reguló: mandó apartar de las iglesias la música en que, con el órgano o con el canto, se mezclara algo lascivo o impuro, y quitar de la misa las acciones profanas y las conversaciones vanas.
La Reforma no discutió el arte de la música, sino su lugar en el culto. Si el culto se ordena solo por lo que Dios instituyó (10e), la pregunta no es si el órgano es hermoso, sino quién lo puso ahí y para qué. La respuesta clásica reformada fue que los instrumentos eran figura del culto antiguo —como el incienso y las lámparas— y con él cesaron; por eso las iglesias reformadas cantaron solo con la voz (46b, 46c).