La misa: los luteranos conservaron casi todas las ceremonias; los reformados, solo lo que Dios manda
La Confesión de Augsburgo rechaza la acusación de haber abolido la misa: la conservan, la celebran con suma reverencia y guardan casi todas las ceremonias acostumbradas, añadiendo cantos en alemán para enseñar al pueblo. Lo que no aceptaban era que la misa borrara los pecados de vivos y muertos por la obra hecha, porque entonces la justificación vendría de las misas y no de la fe.
Westminster fue más lejos: la Cena no es un sacrificio, sino una conmemoración, y el culto se rige por lo que Dios ha mandado, no por las invenciones de los hombres (21,1), que es la regla que el fichero sigue también en el culto modelado sobre el Templo. A nuestro juicio, conservar las ceremonias no era en sí doctrina falsa, pero dejaba en pie la forma de lo que se había reformado por dentro.