La confesión privada: los luteranos la conservaron; los reformados la dejaron libre
La Confesión de Augsburgo dice que la absolución privada ha de conservarse, y que no se suele dar la cena sino a quienes antes han sido examinados y absueltos; la absolución, añade, es «voz de Dios». No exige enumerar todos los pecados, y en eso ya se aparta de Trento.
Calvino, en cambio, admitió la confesión privada al pastor solo para quien la necesite, y libre, no exigida a todos; y Westminster habla de confesar los pecados a Dios y a los que hemos ofendido. A nuestro juicio, la diferencia no es de doctrina de la justificación, sino de hasta dónde se llevó la reforma de la disciplina: los luteranos guardaron una práctica que la Escritura no manda.