Calvino: la confesión a Dios, y la del pastor solo si es libre (1559)
Calvino reconoce que el uso de confesarse es antiquísimo, pero sostiene que fue libre, y que no hubo ley sobre él antes de Inocencio III, es decir, de Letrán IV. Responde a los lugares de Santiago y los leprosos: Santiago une la confesión mutua y la oración mutua, y si hubiera que confesarse solo a los sacerdotes, habría que orar solo por ellos. Y alega a Nectario: si la confesión al oído fuera ley de Dios, un obispo no se habría atrevido a derogarla.
La Escritura, dice, prescribe una sola manera de confesarse: a Dios, que perdona. Aprueba además que el que no halla consuelo por sí mismo se confiese en privado con su pastor, pero esa confesión ha de ser libre, no exigida a todos, y sin obligar a enumerar todos los pecados.