Nectario suprime en Constantinopla el presbítero que oía los pecados (c. 391)
En Constantinopla, como en otras iglesias, un presbítero de la penitencia oía los pecados de los que caían después del bautismo y les señalaba la penitencia. Tras un escándalo, un diácono y una mujer noble que acudía a confesarse, el obispo Nectario suprimió ese oficio y dejó a cada uno a su propia conciencia para acercarse a los sagrados misterios; según Sozomeno, le siguieron los obispos de todas partes.
Los dos historiadores que lo cuentan lamentaron el cambio: Sócrates, porque quitaba la ocasión de reprenderse unos a otros; Sozomeno, porque abría paso a la relajación. Pero ninguno dice que Nectario fuera contra un mandato de Cristo. Es el argumento de Calvino: si la confesión al sacerdote fuera ley de Dios, un obispo no habría podido derogarla.