Westminster: confesar los pecados a Dios, y a los que hemos ofendido (1646)
La Confesión de Westminster enseña que todo ser humano está obligado a confesar sus pecados a Dios en privado, orando por su perdón; y que el que escandaliza a su hermano o a la iglesia debe declarar su arrepentimiento a los que ha ofendido, en público o en privado, y ellos deben recibirlo con amor. No conoce una confesión obligatoria a un sacerdote. Y advierte que el arrepentimiento no es una satisfacción por el pecado ni la causa de su perdón, que es un acto de la libre gracia de Dios en Cristo.
Entre sus pruebas está Santiago 5,16, leído como lo leyó Calvino: confesarse unos a otros. Es la respuesta al canon de Trento.