La Confesión de Augsburgo conserva la absolución privada y casi todas las ceremonias de la misa (1530)
En 1530, los luteranos presentaron al emperador en Augsburgo su confesión de fe. En ella enseñaron la justificación gratuita por la fe; pero, sobre la confesión, dijeron que «la absolución privada ha de conservarse en las iglesias», aunque no hace falta enumerar todos los pecados; y sobre la misa, que se les acusaba falsamente de abolirla: «se conserva entre nosotros y se celebra con suma reverencia», con «casi todas las ceremonias acostumbradas», salvo algunos cantos en alemán.
No es un reproche a Lutero: la Reforma entera le debe lo principal. Pero muestra que, en el culto y en la disciplina, la reforma luterana se detuvo donde la reformada siguió: en la confesión, en la misa y sus ceremonias y en las imágenes. Las iglesias reformadas lo resumieron en un propósito: reformar la religión según la Palabra de Dios y el ejemplo de las mejores iglesias reformadas.