Justino: el culto del domingo, sin altar ni sacerdote (c. 155)
Justino describe al emperador lo que hacen los cristianos el día del sol: se reúnen, se leen las memorias de los apóstoles o los profetas, el que preside exhorta, oran todos de pie, se trae pan, vino y agua, el que preside da gracias y el pueblo responde «amén», se reparte, y se hace una colecta para los necesitados.
En esta descripción no aparecen altar ni sacerdote: hay un «presidente», lectura, predicación, oración, la Cena y la limosna. Justino llama sacrificio a la eucaristía en otra obra, pero aquí el culto no se organiza todavía como el de Cipriano. Y los laicos se saben sacerdotes.