Epifanio contra las coliridianas: «sea María honrada, pero a María nadie la adore» (c. 377)
En Arabia había mujeres que, en días señalados, ofrecían un pan en nombre de María. Epifanio de Salamina las cuenta entre los herejes: Dios no dio a ninguna mujer el sacerdocio, ni siquiera a María; y concluye: «Sea María honrada, y el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo adorados; a María nadie la adore». Ni a los ángeles, añade, les cabe una glorificación así; María es hermosísima, santa y honrada, «pero no para ser adorada».
Roma está de acuerdo: tampoco ella adora a María, sino que la venera. Pero la palabra que Epifanio niega a María, proskyneîsthai, es la misma que Nicea II concedió a las imágenes como «veneración de honor», y que Jesús reservó a Dios. A nuestro juicio, Epifanio no conocía la distinción en que se apoyan el culto a los santos y la devoción mariana: para él, a María se la honra, y la proskýnesis es solo de Dios.