María llama a Dios «mi Salvador»
En el Magníficat, María dice: «Engrandece mi alma al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador» (Lc 1,46-47). Y Pablo escribe que «todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios» (Rom 3,23).
María se reconoce necesitada de un Salvador, como todos. La Inmaculada Concepción tiene que explicar que fue salvada «por adelantado», algo que el texto no dice.
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