Pablo: justificados por la fe, sin las obras de la ley
«Así que concluimos que el hombre es justificado por la fe sin las obras de la ley» (Rom 3,28). Y al que no obra, sino que cree en aquel que justifica al impío, «su fe le es contada por justicia» (Rom 4,5). Dios no justifica al que ya es justo, sino al impío.
Lo que Trento anatematiza es esto. La iglesia antigua lo leyó así: Clemente de Roma y el Ambrosiaster.
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