Pablo VI conserva el tesoro y suprime los días y los años (1967)
Después del Vaticano II, Pablo VI reformó las indulgencias, pero mantuvo su doctrina. Explicó que el tesoro de la iglesia es el valor infinito de los méritos de Cristo, y que le pertenece además el valor, «verdaderamente inmenso», de las oraciones y buenas obras de la Virgen María y de todos los santos. Suprimió en cambio la cuenta de las indulgencias parciales por días y años, redujo las plenarias, y redujo mucho las ligadas a objetos y lugares, a las que quitó ese nombre.
La cuenta por días y años, que enumeraba Calvino, desaparece; el tesoro de León X queda. A nuestro juicio, la reforma tocó la forma, no lo que Trento anatematizó negar.