Clermont: el viaje a Jerusalén cuenta por toda penitencia (1095)
En el concilio de Clermont, el que convocó la primera cruzada, Urbano II hizo decretar que a quien partiera a liberar la iglesia de Dios en Jerusalén, solo por devoción y no por honra o dinero, «ese viaje se le cuente por toda penitencia». El Denzinger lo cita como precedente de la indulgencia plenaria, junto con una concesión semejante de Alejandro II, en 1063, a los que combatían contra los sarracenos.
Lo que se perdonaba era la penitencia que la iglesia imponía, la que todavía pedía Toledo III: el viaje sustituía a los ayunos y las suspensiones de la comunión. A nuestro juicio, no son los «tiempos más antiguos» que alegó Trento: la indulgencia aparece a finales del siglo XI. Le siguió el jubileo de 1300.