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Cristianismo histórico

La fe reformada y Roma, a través de los siglos

21

Trento declara canónicos, bajo anatema, los libros que Jerónimo dejó fuera (1546)

En su sesión 4, Trento dio la lista de los libros sagrados, con Tobías, Judit, la Sabiduría, el Eclesiástico, Baruc y los dos de los Macabeos, y anatematizó a quien no los recibiera como sagrados y canónicos, «íntegros, con todas sus partes», tal como están en la Vulgata latina. Florencia había dado ya en 1442 una lista con esos libros, pero sin llamarlos canónicos y sin anatema.

Los judíos, a quienes fueron confiadas las palabras de Dios, no los tenían por Escritura. Melitón no los cuenta; Atanasio los pone fuera del canon, para leer; Jerónimo los llama apócrifos. Es verdad que Cartago los contó entre las escrituras canónicas. Pero Gregorio Magno aún llamaba «no canónico» a 1 Macabeos, y Cayetano, catorce años antes de Trento, los dejaba fuera siguiendo a Jerónimo. Westminster los excluyó. Y al argumento de que sin la iglesia no sabríamos qué libros son Escritura le respondieron Calvino y Westminster.

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Cristianismo histórico, nota 21 · https://cristianismohistorico.org/nota/21/