Cartago cuenta entre las escrituras canónicas a Tobías, Judit y los Macabeos (397)
El tercer concilio de Cartago mandó que no se leyera en la iglesia, con el nombre de Escrituras divinas, nada fuera de las canónicas, y las enumeró: entre ellas, Tobías, Judit, Ester, los «cinco libros de Salomón», que incluyen la Sabiduría y el Eclesiástico, y los dos de los Macabeos. Recogía el sínodo de Hipona del 393, y lo repitió Cartago en el 419. En un códice se añade que se consulte a la iglesia de ultramar para confirmar ese canon.
Es el testimonio antiguo más fuerte a favor de Trento, y hay que reconocerlo: era la iglesia de Agustín. Pero era un concilio de una provincia, y su criterio es lo que se lee en la iglesia; Atanasio y Jerónimo distinguían entre lo que se lee y lo que es regla de fe. Cayetano lo entendió así, «a la lima de Jerónimo».