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Cristianismo histórico

La fe reformada y Roma, a través de los siglos

14b1

Siricio funda la continencia del clero en los sacerdotes del Templo (385)

En la decretal Directa, que se tiene comúnmente por la más antigua conservada de un papa, Siricio respondió a Himerio, obispo de Tarragona, que muchos sacerdotes y diáconos habían tenido hijos mucho después de su ordenación. Los que alegaban que a los sacerdotes del Antiguo Testamento se les permitía engendrar recibieron esta respuesta: aquellos se apartaban de sus casas y vivían en el Templo en el año de su turno; los ministros de ahora, que ofrecen sacrificios cada día, quedan obligados desde la ordenación, por una ley que no se puede desatar, a una continencia perpetua. Lo apoyó en la Escritura: en Levítico 20,7, en Mateo 5,17 y en Romanos 8,8-9: «los que están en la carne no pueden agradar a Dios».

Es el razonamiento que tomó el culto del Templo como modelo del culto cristiano, llevado a su consecuencia: si el ministro es un sacerdote que ofrece sacrificio cada día, ha de guardar siempre la abstinencia que al levita se le pedía solo en su turno.

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