El concilio de Trullo deja a los presbíteros orientales vivir con sus mujeres (692)
El concilio de Constantinopla llamado «Quinisexto» o de Trullo (692) dijo saber que en la iglesia de Roma se exigía a los que iban a ser ordenados diáconos o presbíteros que prometieran no vivir más con sus mujeres. Y, siguiendo, dice, el antiguo canon de la perfección apostólica, quiso que los matrimonios legítimos de los ordenados se mantuvieran firmes, sin separarlos de sus mujeres ni privarles de su trato fuera del tiempo de su ministerio (canon 13). A los obispos, en cambio, les prohibió seguir viviendo con sus mujeres después de la consagración, so pena de deposición (canon 12), y mandó que la mujer, separada de común acuerdo, entrase en un monasterio lejos del obispo (canon 48). Y a todos prohibió casarse después de ordenados (canon 6).
Roma no recibió estos cánones. Desde entonces, Oriente y Occidente siguieron disciplinas distintas. Las dos invocaban la Escritura y la tradición apostólica, pero, a nuestro juicio, ninguna podía mostrar en la Escritura un mandato de continencia para el ministro casado: eran leyes de la iglesia.