Pafnucio en Nicea: que no se imponga a los clérigos casados un yugo tan pesado (325)
Según el historiador Sócrates, los obispos reunidos en Nicea quisieron hacer ley lo que Elvira había mandado en España: que los obispos, presbíteros y diáconos no tuvieran trato con las mujeres con que se habían casado antes de la ordenación. Se levantó Pafnucio, obispo egipcio y confesor de la persecución, y les pidió que no impusieran «un yugo tan pesado», porque «el matrimonio es honroso, y el lecho sin mancilla» (Heb 13:4) y no todos pueden soportar una continencia tan rígida. Bastaba que los ordenados solteros no se casaran después, según la costumbre antigua. Él mismo era monje y nunca se había casado. El concilio le dio la razón y dejó a cada casado la decisión.
El relato es de un siglo después y algunos historiadores lo han puesto en duda. Entre los cánones de Nicea ninguno impone la continencia: el tercero solo prohíbe al clero tener en casa mujeres que no sean madre, hermana, tía u otras libres de sospecha. Pero coincide con lo que la Iglesia oriental mantuvo y Trullo fijó en 692. A nuestro juicio, Pafnucio no defendía el matrimonio después de la ordenación, sino que no se obligara a nadie a dejar a su mujer: es la distancia entre la costumbre antigua y la ley de Letrán II, que declaró nulo el matrimonio del clérigo.