Orange: el comienzo de la fe no viene de la naturaleza (529)
El segundo concilio de Orange, presidido por Cesáreo de Arlés, anatematizó a quien dijera que el comienzo de la fe y el deseo de creer están en nosotros por naturaleza y no por don de la gracia, y a quien dijera que podemos, con las fuerzas de la naturaleza, pensar o escoger algún bien que mire a la salvación. Sin nombrar a Casiano, su conclusión contesta su ejemplo de Zaqueo y del buen ladrón: su fe «no vino de la naturaleza», sino de la gracia. Bonifacio II aprobó su confesión de fe en 531.
Orange no lo dice todo: enseña que, recibida la gracia en el bautismo, todos los bautizados pueden, con la ayuda de Cristo, cumplir lo necesario para la salvación si quieren trabajar fielmente, y anatematiza a quien crea que algunos están predestinados al mal por el poder divino. A nuestro juicio, lo que condena es que Dios sea autor del pecado, que la Reforma tampoco enseña: Westminster lo niega expresamente (3,1), y enseña la reprobación, pero para ira «por su pecado» (3,7).