Westminster 9 y 10: el hombre es totalmente pasivo en el llamamiento eficaz (1646)
La confesión de Westminster enseña que el hombre, por su caída, ha perdido totalmente toda capacidad de su voluntad para cualquier bien espiritual que acompañe a la salvación, de modo que el hombre natural, muerto en el pecado, no puede, por su propia fuerza, convertirse a sí mismo ni prepararse para ello. Y que el llamamiento eficaz es solo de la gracia libre y especial de Dios, no de nada previsto en el hombre, «el cual es totalmente pasivo en ello», hasta que, vivificado y renovado por el Espíritu Santo, puede responder al llamamiento y abrazar la gracia ofrecida.
Es lo contrario del canon 4 de Trento en lo decisivo: la pasividad en el ser vivificado, y que el llamado eficazmente no lo rechaza. Descansa en Juan 6,44 y Efesios 2. Westminster no niega la voluntad, cuya libertad natural afirma (9,1): dice que Dios la renueva y la inclina, de modo que los llamados vienen «más libremente, pues por su gracia son hechos dispuestos» (10,1).