Trento: nadie sabe, sin revelación especial, que está entre los predestinados (1547)
El decreto sobre la justificación no niega la predestinación: habla del «misterio secreto de la divina predestinación». Pero enseña que nadie, mientras vive en esta condición mortal, debe presumir de él hasta afirmar con certeza que está en el número de los predestinados, «pues, salvo por revelación especial, no puede saberse a quiénes ha elegido Dios para sí» (cap. 12). Anatematiza a quien diga que el justificado está obligado por la fe a creer que está entre los predestinados (canon 15), y a quien se prometa con certeza absoluta el don de la perseverancia, si no lo ha sabido por revelación especial (canon 16).
El canon 17 junta dos cosas: que la gracia de la justificación solo alcance a los predestinados a la vida, y que los demás llamados no reciban la gracia, «como predestinados al mal por el poder divino». Lo primero lo confiesa Westminster (3,6); lo segundo, no: niega que Dios sea autor del pecado (3,1), como ya había condenado Orange. A nuestro juicio, lo que de verdad separa a Trento de la Reforma no es si hay predestinación, sino si el creyente puede estar seguro de su elección.