Efesios 1 y Romanos 9: elegidos antes de la fundación del mundo, no por las obras
«Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de él en amor; habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos por Jesucristo para sí mismo, según el beneplácito de su voluntad» (Ef 1,4-5). Y de Jacob y Esaú: «no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que permaneciera el propósito de Dios conforme a la elección, no por las obras sino por el que llama» (Rom 9,11). «Así que no es del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia» (Rom 9,16).
Pablo no dice que Dios eligiera a los que preveía santos, sino «para que fuéramos santos»: la santidad es fruto de la elección, no su causa. Así lo leyó Agustín, y así lo confiesa Dort. Romanos 9,16 es el versículo que, de estudiante, a Bradwardine le disgustaba oír, hasta que entendió que la gracia precede a todo mérito.