Ridley y Latimer, quemados por negar la transubstanciación y el sacrificio de la misa (1555)
Bajo María Tudor, Inglaterra volvió a la obediencia de Roma, y a Ridley y Latimer los examinó en Oxford una comisión del cardenal Pole, legado del papa. Latimer sostuvo que la sustancia del pan permanece, contra la transubstanciación, y que Cristo hizo «un solo sacrificio perfecto por todo el mundo», que nadie puede ofrecer de nuevo, contra la misa como sacrificio propiciatorio: es lo que confesará Westminster 29. Ridley había dejado la presencia carnal leyendo a Ratramno.
Los obispos de la comisión los juzgaron como herejes, los degradaron y los entregaron «a los poderes seculares, para recibir de ellos el debido castigo conforme a lo que disponen las leyes temporales»: la iglesia los condenó por herejes, y el poder civil los quemó. Y León X había condenado como error de Lutero decir «que los herejes sean quemados es contra la voluntad del Espíritu». Los quemaron en Oxford el 16 de octubre de 1555, y Latimer le dijo a Ridley: «hoy encenderemos en Inglaterra, por la gracia de Dios, una vela tal que confío que nunca se apagará». Quince años después, la bula contra Isabel llamaría a María reina legítima.