Fuentes
John Foxe, Acts and Monuments: el examen y la muerte de Ridley y Latimer (1555)
El obispo de Lincoln a Latimer: «yo y mis señores aquí presentes tenemos una comisión de su gracia mi señor el cardenal Pole, legado a latere en este reino de Inglaterra, de parte de nuestro reverendísimo padre en Dios, su santidad el papa, para examinaros sobre ciertas opiniones y afirmaciones vuestras» (p. 529).
A la pregunta de si la sustancia del pan y del vino permanece después de la consagración, Latimer respondió: «Sí, ciertamente, así tiene que ser; porque Cristo mismo lo llama pan, san Pablo lo llama pan» (p. 533). Al tercer artículo: «No, no, mi señor; Cristo hizo un solo sacrificio perfecto por todo el mundo, y nadie puede ofrecerlo de nuevo, ni puede el sacerdote volver a ofrecer a Cristo por los pecados del hombre, que él quitó ofreciéndose a sí mismo una vez para siempre (como dice san Pablo) en la cruz; ni hay propiciación alguna por nuestros pecados, salvo solo su cruz» (p. 533).
La sentencia contra Ridley: los obispos de Lincoln, Gloucester y Bristol «juzgaron y condenaron al dicho Nicholas Ridley como hereje», lo degradaron del obispado, del sacerdocio y de todo orden eclesiástico, declararon que no era miembro de la iglesia, «y por tanto lo entregaron a los poderes seculares, para recibir de ellos el debido castigo conforme a lo que disponen las leyes temporales», y además lo excomulgaron con la excomunión mayor (p. 540). A Latimer, después de leer su condena, el obispo de Lincoln lo entregó al alcalde: «Ahora es vuestro preso, señor alcalde» (p. 542).
El 16 de octubre de 1555, en el foso frente al Balliol College, en Oxford; lord Williams tenía orden, por cartas de la reina, de asistir con los vecinos de la ciudad, y el alcalde y los alguaciles sacaron a los presos (p. 547). Latimer a Ridley, cuando prendieron el fuego: «Ten buen ánimo, maestro Ridley, y pórtate como un hombre: hoy encenderemos en Inglaterra, por la gracia de Dios, una vela tal que confío que nunca se apagará» (p. 550). Ridley gritó: «In manus tuas, Domine, commendo spiritum meum» («En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu»).
The Acts and Monuments of John Foxe, ed. de S. R. Cattley y G. Townsend (Londres: Seeley y Burnside, 1837-1841), vol. VII, pp. 530-550, cotejado en el escaneo de archive.org (actsmonumentsofj07foxe). Traducción nuestra.