Pío V depone a Isabel I y desliga a sus súbditos de la obediencia (1570)
En la bula Regnans in excelsis, Pío V declaró que Cristo había puesto al papa «príncipe sobre todas las naciones y todos los reinos». En virtud de esa plenitud de potestad, declaró a Isabel hereje, la privó de su reino, absolvió a sus súbditos del juramento de fidelidad y excomulgó a los que la siguieran obedeciendo. Es la proposición del Dictatus Papae sobre absolver a los súbditos, aplicada a una reina reformada.
Westminster lo niega: el papa no tiene jurisdicción sobre los magistrados, «y aún menos para privarlos de sus dominios, o sus vidas, ya sea porque los juzgue que son herejes» (23,4). Y no da al rey lo que quita al papa: el magistrado no debe arrogarse la Palabra, los sacramentos ni las llaves (23,3), lo contrario de la supremacía de Enrique VIII y lo que ya había dicho la iglesia escocesa.