El leccionario de 1969 abre la Biblia al pueblo en un ciclo de tres años (1969)
La constitución ordena todo el corpus de lecturas dominicales en un ciclo de tres años, añade en las fiestas una lectura del Antiguo Testamento —o de los Hechos en Pascua— y dice que el fin es que «los tesoros bíblicos se abran más largamente» y crezca el hambre de la palabra de Dios.
Es lo que la Reforma había pedido con la Biblia en lengua vulgar y la Biblia de Reina. Roma lo presenta como disciplina, no como doctrina, y en eso, a nuestro juicio, hay que darle la razón: no contradice a Trento, pero muestra que lo que se negó con tanta severidad no era necesario negarlo. Lo mismo había pasado con la lengua del pueblo y el cáliz.