La Confesión Belga: la verdadera iglesia, por la predicación pura, los sacramentos y la disciplina (1561)
El artículo 29 manda discernir con diligencia, por la Palabra de Dios, cuál es la verdadera iglesia, «porque todas las sectas que hay hoy en el mundo se cubren con este nombre de Iglesia». Sus notas son estas: si usa la pura predicación del Evangelio; si usa la pura administración de los sacramentos, como Cristo los ordenó; si la disciplina eclesiástica está en uso para corregir los vicios; «en suma, si se rige según la pura Palabra de Dios, rechazando todas las cosas contrarias a ella, teniendo a Jesucristo por única cabeza». La falsa iglesia, en cambio, «se atribuye a sí misma y a sus ordenanzas más autoridad que a la Palabra de Dios».
Frente a el nombre de católica, la Confesión empieza advirtiendo que el nombre no basta, porque todas las sectas lo reclaman. A la predicación y los sacramentos de Calvino añade la disciplina. Westminster dirá después que hasta las iglesias más puras están sujetas a error.