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Cristianismo histórico

La historia de la doctrina, bajo la Escritura

38b1

Sadoleto y Calvino: ¿quién se separó de la Iglesia? (1539)

En 1539, con Calvino desterrado de Ginebra, el cardenal Sadoleto escribió a los ginebrinos para que volvieran a Roma. Les preguntaba qué convenía más a su salvación: lo que la Iglesia católica aprueba «con gran consenso en todo el orbe desde hace más de mil quinientos años», o lo que unos hombres han innovado «en estos veinticinco años». Y definía la Iglesia como la que, «en todo tiempo pasado y presente, en toda región de la tierra», es una en Cristo, «y en la que no puede haber división»: el que se aparta es carne corrompida que se separa del cuerpo.

Calvino respondió que lo acusaban de herejía y de cisma. De herejía, por oponer a las doctrinas recibidas la Palabra de Dios, que los prelados de la fe «ni entendían ni se cuidaban mucho de ella». De cisma, no: siempre deseó la unidad, «pero para mí la unidad de la iglesia era la que empezara en ti y en ti acabara», dice a Dios; y los profetas no fueron cismáticos por no ceder ante los sacerdotes. A nuestro juicio, Sadoleto pone la nota de la iglesia en el consenso, casi con la regla de Vicente, y Calvino, en la Palabra predicada con pureza: es la cuestión de las notas de la Iglesia.

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