Westminster: la Escritura en la lengua de cada pueblo, y la oración en lengua conocida (1646)
La confesión de Westminster enseña que, como no todo el pueblo de Dios conoce las lenguas originales, y todos tienen derecho a las Escrituras e interés en ellas, y se les manda leerlas y escudriñarlas en el temor de Dios, han de traducirse a la lengua vulgar de cada nación a la que lleguen, para que, morando abundantemente en todos la palabra de Dios, le adoren de manera aceptable (1,8). Y que la oración, si se hace de palabra, ha de hacerse en una lengua conocida (21,3).
Es la respuesta a Trento y a la regla del Índice, y descansa en Pablo.