Pablo: cinco palabras con entendimiento, mejor que diez mil en lenguas
«Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento», escribe Pablo. Si uno bendice en una lengua que los demás no entienden, «el que ocupa el lugar de indocto, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias?, pues no sabe lo que has dicho». Y concluye: «en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para que enseñe también a otros, que diez mil palabras en lenguas» (1 Cor 14,15-19).
Pablo habla del don de lenguas, no de la liturgia latina; pero la regla que da es general: lo que se dice en la asamblea ha de entenderse, para que todos puedan decir «Amén». La misma iglesia de Roma empezó celebrando en la lengua de su pueblo.
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