Tomás Moro, decapitado por no reconocer al rey como cabeza de la Iglesia (1535)
Tras el Acta de Supremacía, una ley de 1534 hizo alta traición desear, «de palabra o por escrito», privar al rey de su «dignidad, título o nombre», y el de cabeza suprema de la Iglesia era uno de sus títulos. Por ella fue juzgado Tomás Moro, que había sido canciller. Según su yerno William Roper, después del veredicto dijo que la acusación se fundaba en una ley «directamente contraria a las leyes de Dios y de su santa iglesia», cuyo gobierno supremo ningún príncipe temporal podía tomar sobre sí, porque pertenecía a la sede de Roma; y que un reino, parte pequeña de la iglesia, no podía legislar contra la ley de la Iglesia universal. Fue decapitado el 6 de julio de 1535.
A nuestro juicio, Moro murió por el primado del papa, que la Reforma rechaza; pero en una cosa coincidía con la Reforma escocesa: que un rey no es cabeza de la iglesia. Su muerte y los Seis Artículos muestran el mismo hecho: la ruptura inglesa con Roma la hizo un rey que llevaba al patíbulo a católicos por negarle su título y a protestantes por negar la misa.