El primado que Oriente sí acepta
En el primer milenio, Roma era la primera sede, pero no tenía la jurisdicción universal que definió Vaticano I. Cipriano dice que los demás apóstoles eran lo que fue Pedro, con «igual participación en el honor y en la potestad», aunque una de sus dos redacciones habla de un primado de Pedro, y él mismo se enfrentó al obispo de Roma Esteban; Gregorio Magno rechazó el título de «obispo universal» como soberbia.
Oriente acepta un primado de honor y de orden, y rechaza que el papa pueda enseñar y gobernar solo, sin concilio, en toda la iglesia. La discusión de 1054 no era sobre quién era el primero, sino sobre qué podía hacer el primero.