Westminster 6: la corrupción que queda en los regenerados es «verdadera y propiamente pecado» (1646)
La Confesión de Westminster enseña que la corrupción de la naturaleza «permanece durante esta vida en aquellos que son regenerados; y a pesar de que por medio de Cristo sea perdonada y mortificada, sin embargo, tanto ella misma como todos sus movimientos son verdadera y propiamente pecado» (6,5).
Son las mismas palabras del canon de Trento, que negaba que la concupiscencia fuera «verdadera y propiamente» pecado en los renacidos. A nuestro juicio, es la base de la justificación por imputación: si en el justificado queda verdadero pecado, su justicia ante Dios no puede ser la que tiene en sí.