Pablo: «tampoco habría conocido la concupiscencia, si la ley no dijera: No codiciarás»
Pablo llama pecado al codiciar que la ley prohíbe: «Pero yo no conocí el pecado sino por medio de la ley; porque tampoco habría conocido la concupiscencia, si la ley no dijera: No codiciarás» (Rom 7,7). Y del mal que hace sin quererlo dice: «ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí» (Rom 7,20). A los bautizados les manda: «No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias» (Rom 6,12).
Que en Romanos 7 Pablo habla en la persona del regenerado lo sostiene Calvino, que dice que Agustín lo probó con razones firmes. Si es así, lo que queda en el creyente y se opone a la ley, el apóstol lo llama pecado. Trento responde que lo llama así solo porque viene del pecado e inclina a él, y Pío V condenó que sus movimientos, sin consentimiento, quebranten el «No codiciarás».
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