Adriano VI: «en esta santa sede, desde hace algunos años, ha habido muchas abominaciones» (1522)
Para la dieta de Núremberg, el papa Adriano VI dio a su legado Chieregati una instrucción que debía leer ante los príncipes alemanes. Le mandaba decir que Dios permitía aquella persecución de su iglesia por los pecados de los hombres, «sobre todo de los sacerdotes y prelados», y confesar: «sabemos que en esta santa sede, desde hace algunos años, ha habido muchas abominaciones, abusos en lo espiritual, excesos en los mandatos, y en fin todo pervertido»; y que no era de extrañar que la enfermedad hubiera bajado «de la cabeza a los miembros, de los sumos pontífices a los demás prelados». Prometía reformar primero la curia, «de donde quizá ha salido todo este mal».
Roma responde que Adriano confesaba pecados, no errores de fe, y que la reforma que prometió la hizo Trento. Es verdad que no concede ningún punto de doctrina a Lutero. Pero dice «abusos en lo espiritual», no solo en las costumbres, y pone el origen en la sede. A nuestro juicio, cuando el propio papa dice que el mal vino de la cabeza, la respuesta de la indefectibilidad no basta, y la Reforma no puede contarse como una simple rebelión contra una iglesia sana. Quince años después, los cardenales de Paulo III pusieron nombre a la raíz.