El papa, señor temporal: de Gregorio VII a 1929 (1075)
El poder temporal del papa no fue un accidente: la Donación de Pipino (756) creó los Estados pontificios, el Dictatus Papae (1075) reclamó el derecho a deponer emperadores, e Inocencio III y Bonifacio VIII llevaron la pretensión a su forma más alta. Los Estados duraron hasta 1870; en 1929 el tratado de Letrán devolvió al papa una soberanía en miniatura, la Ciudad del Vaticano.
La tesis reformada es que las dos espadas no son dos poderes del mismo reino: Cristo dijo que su reino no es de este mundo. Cuando la sede perdió los Estados, no perdió la pretensión; la conservó en la infalibilidad.
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