Lo que la Declaración conjunta deja en pie: la justicia que hace justos, la concupiscencia que no es pecado y el mérito (1999)
En sus párrafos propios, la parte católica explica la justificación como «perdón de los pecados y volverse justo y justa por la gracia de la justificación» (27); dice que la inclinación que queda en el bautizado, la concupiscencia, no es «pecado en sentido propio» (30); y llama «meritorias» a las buenas obras, porque se les promete una recompensa en el cielo (38). La Declaración juzga aceptables estas diferencias (40). El Anexo explica en qué sentido el justificado es a la vez justo y pecador, la dificultad que había señalado la respuesta católica de 1998: la justificación «es perdón de los pecados y hace justos», somos «verdadera e internamente renovados», y «en este sentido, las personas justificadas no siguen siendo pecadoras».
A nuestro juicio, es la doctrina de Trento con otras palabras: la justicia infundida, el mérito y la concupiscencia que no es propiamente pecado. Lo que la Declaración logra es que las dos partes digan juntas las mismas frases; no que las entiendan del mismo modo. Ella misma lo llama un consenso en las verdades fundamentales.