Roma: los fieles no están obligados a creer en las apariciones (2024)
En 2024, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe dio nuevas normas para juzgar los presuntos fenómenos sobrenaturales: apariciones, visiones y mensajes. Reconoció que en el pasado la Santa Sede parecía aceptar que los obispos declararan, por ejemplo, que «se justifica que los fieles crean que es indudable y cierto», y que esas expresiones chocaban con la convicción de la Iglesia de que los fieles no están obligados a aceptar la autenticidad de estos hechos. Por eso, de forma habitual, no cabe esperar un reconocimiento del origen divino de una aparición: lo más que se concede es un nihil obstat, que no expresa certeza sobre lo sobrenatural, pero anima al obispo a promover esa propuesta espiritual, incluso con peregrinaciones; y los fieles pueden darle un asentimiento prudente, no de fe.
A nuestro juicio, es una corrección honrada, y confirma lo que ya decía el Catecismo: estas revelaciones no pertenecen al depósito de la fe. Pero deja un dilema. Si nadie está obligado a creerlas, ¿por qué el obispo de Tarbes pudo declarar que los fieles tenían fundamento para creer cierta la aparición de Lourdes, o el de Leiria dignas de crédito las visiones de Fátima, y por qué la Iglesia promueve el culto y las peregrinaciones? Ya en 1978 las normas anteriores pedían que no se tomara el permiso del culto por una aprobación. La respuesta reformada está en Westminster: los modos antiguos de revelación han cesado.