Pistoya (1786) y Auctorem fidei (1794)
El sínodo de Pistoya, convocado por el obispo Scipione de' Ricci con inspiración jansenista y episcopalista, aprobó reformas que tocaban la disciplina y la doctrina: la autoridad del papa y de los obispos, la gracia y la predestinación, la devoción a las imágenes y a las reliquias, el uso del latín y la formación del clero. Pío VI condenó ochenta y cinco proposiciones en la bula Auctorem fidei (1794).
Entre las condenadas está la que rechazaba como «fábula pelagiana» el limbo de los niños. El sínodo quería una iglesia más antigua y más episcopal; Roma respondió con una condena que reafirmaba el papado y la escolástica.