El Pacto Nacional renueva la confesión contra los obispos del rey (1638)
Cuando Carlos I quiso gobernar la Iglesia de Escocia por obispos e imponerle un libro de oración al estilo inglés, sin la Asamblea ni el Parlamento, la nación respondió en 1638 con el Pacto Nacional: renovó la Confesión de 1581, declaró que debía entenderse también contra esas novedades, y juró abstenerse de ellas «hasta que sean examinados y admitidos en Asambleas libres y en el Parlamento». La Asamblea de Glasgow destituyó a los obispos ese mismo año.
No era una religión nueva, sino la defensa de la que las leyes del reino ya habían establecido. Cinco años después, la Liga y Pacto Solemnes lo extendió a los tres reinos.