Godescalco de Orbais, condenado por enseñar la doble predestinación (849)
Godescalco, monje de Orbais, enseñaba con Agustín que Dios predestina a los elegidos a la vida y a los réprobos a la muerte, y que Cristo no murió para salvar a los que se pierden. Fue condenado en Maguncia (848), en un sínodo presidido por Rábano Mauro, que lo remitió a Hincmaro de Reims; este le hizo condenar de nuevo en Quierzy (849), donde fue azotado y obligado a echar sus escritos al fuego. Murió encerrado en el monasterio de Hautvillers, hacia 868, sin retractarse.
No estaba solo: con matices le dieron la razón Prudencio de Troyes, Lupo de Ferrières y Ratramno, y el concilio de Valence (855) confesó «la predestinación de los elegidos a la vida y la predestinación de los impíos a la muerte», precisando que en la condenación de los impíos el mal que merecen precede al juicio de Dios, y que Dios no predestinó a nadie al mal.