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Cristianismo histórico

La historia de la doctrina, bajo la Escritura

Fuentes

Roberto Belarmino, De controversiis, De Ecclesia militante (libro III de De conciliis et Ecclesia), cap. 2

«Nostra autem sententia est, Ecclesiam unam tantum esse, non duas, et illam unam et veram esse coetum hominum ejusdem christianae fidei professione, et eorundem sacramentorum communione colligatum, sub regimine legitimorum pastorum, ac praecipue unius Christi in terris vicarii romani pontificis.» «Nuestra sentencia es que la Iglesia es una sola, no dos, y que esa una y verdadera es la asamblea de los hombres unidos por la profesión de la misma fe cristiana y la comunión de los mismos sacramentos, bajo el gobierno de los pastores legítimos, y principalmente del único vicario de Cristo en la tierra, el romano pontífice.» Por la profesión de fe quedan fuera los infieles, los herejes y los apóstatas; por la comunión de los sacramentos, los catecúmenos y los excomulgados; por la sujeción, los cismáticos. «Includuntur autem omnes alii, etiamsi reprobi, scelesti et impii sint» («Quedan incluidos todos los demás, aunque sean réprobos, malvados e impíos»). «Tamen ut aliquis aliquo modo dici possit pars verae Ecclesiae, de qua Scripturae loquuntur, non putamus requiri ullam internam virtutem, sed tantum externam professionem fidei, et sacramentorum communionem, quae sensu ipso percipitur. Ecclesia enim est coetus hominum ita visibilis et palpabilis, ut est coetus populi romani, vel regnum Galliae, aut respublica Venetorum.» «Pero para que alguien pueda llamarse de algún modo parte de la verdadera Iglesia, de la que hablan las Escrituras, no creemos que se requiera ninguna virtud interior, sino solo la profesión exterior de la fe y la comunión de los sacramentos, que se percibe con los mismos sentidos. Porque la Iglesia es una asamblea de hombres tan visible y palpable como la asamblea del pueblo romano, el reino de Francia o la república de Venecia.» Se ha de probar, dice, que no pertenecen a la Iglesia los no bautizados, los herejes y apóstatas, los excomulgados y los cismáticos, y que pertenecen a ella «non praedestinatos, non perfectos, peccatores etiam manifestos, infideles occultos, si habeant sacramenta, professionem fidei et subjectionem» («los no predestinados, los imperfectos, los pecadores aun manifiestos, los infieles ocultos, si tienen los sacramentos, la profesión de la fe y la sujeción»). Añade, con Agustín (Breviculus collationis, coll. 3), que la Iglesia es un cuerpo vivo con alma y cuerpo: el alma son los dones interiores del Espíritu Santo, la fe, la esperanza y la caridad; el cuerpo, la profesión exterior de la fe y la comunión de los sacramentos.

Opera omnia, vol. II (Nápoles: J. Giuliano), p. 75 (visto en la imagen de la página en archive.org, operaomnia02bell; el OCR es malo). Traducción nuestra.

Cristianismo histórico · https://cristianismohistorico.org/fuente/b-belarmino-ecclesia-militante-3-2/