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Cristianismo histórico

La historia de la doctrina, bajo la Escritura

Fuentes

George Salmon, The Infallibility of the Church (1888), lección 12: el comentario que la iglesia infalible no publicó

«Puesto que se nos dice que el juicio privado no basta para determinar con certeza el sentido de la Escritura —escribe Salmon—, cabría esperar que el guía infalible publicara un comentario autorizado de la Escritura, que expusiera la interpretación garantizada por aquel consentimiento unánime de los Padres conforme al cual el Credo de Pío IV obliga a todos a interpretar. Pero no se ha hecho nada semejante». Las ediciones anotadas que a veces se aprueban no dan más garantía que la ausencia de herejía grave, y las notas descansan en el crédito de sus autores (p. 188).

En 1813 se anunció una Biblia católica «explicada o ilustrada con notas…, según la interpretación de la Iglesia católica, que es nuestra guía infalible e inerrante en la lectura de las Sagradas Escrituras», patrocinada por casi todos los obispos católicos de Irlanda. Cuando apareció, los protestantes señalaron que las notas de Reims mandaban no tener trato con los herejes y castigarlos con la muerte; O'Connell la denunció, y la edición se abandonó. «¿Qué más podía desear nadie?», comenta Salmon (pp. 188-189).

Tampoco los catecismos llevan el sello: si se descubre en ellos un error manifiesto, la iglesia responde que la autoridad infalible no habló por ese medio. El de Keenan, difundido por millares con la más alta aprobación episcopal, enseñó año tras año una doctrina que después hubo que retirar como falsa (pp. 190-192).

Texto cotejado en la 2.ª ed. de John Murray, 1890; las páginas son las de esa edición.

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