Fuentes
John Foxe, Acts and Monuments: la vida y la muerte de William Tyndale
Un doctor le dijo a Tyndale que valía más estar sin las leyes de Dios que sin las del papa; Tyndale respondió: «Desafío al papa y todas sus leyes», y añadió que, si Dios le daba vida, antes de muchos años haría que un muchacho que guía el arado supiera de la Escritura más que él (p. 117).
Cuando salió el Nuevo Testamento en la lengua común, los clérigos dijeron que tenía mil herejías y que no había que corregirlo, sino suprimirlo del todo; algunos, que no era posible traducir la Escritura al inglés (pp. 120-121).
Preso en el castillo de Vilvoorde, «a dieciocho millas inglesas de Amberes» (p. 123), «fue condenado en virtud del decreto del emperador, hecho en la asamblea de Augsburgo», y, llevado al lugar de la ejecución, «atado a la hoguera, y luego estrangulado primero por el verdugo, y después consumido por el fuego», en 1536, «gritando así en la hoguera con fervoroso celo y en voz alta: “¡Señor, abre los ojos del rey de Inglaterra!”» (p. 127). El procurador general, «el fiscal del emperador», dejó de él este testimonio: «Homo doctus, pius et bonus» («hombre docto, piadoso y bueno») (p. 127).
The Acts and Monuments of John Foxe, ed. de S. R. Cattley y G. Townsend (Londres: Seeley y Burnside, 1837-1841), vol. V, pp. 117-127, cotejado en el escaneo de archive.org (actsmonumentsofj05foxe). Traducción nuestra.