Posted on 11. Dec, 2009 by admin in Matrimonio y Divorcio
En la actualidad vemos muchas parejas separadas, otras divorciadas e incluso parejas de divorciados casados y así muchas situaciones de convivencia, matrimonio o divorcio.
En medio de toda esta gama de relaciones personales, surge la siguiente pregunta: ¿qué hacer frente a cada una de estas situaciones? ya que todas de alguna manera u otra, son parte de nuestra historia como creyentes en la iglesia y dentro de la sociedad.
¿Tendrá Dios algo que decirnos al respecto? ¿Podemos saber la voluntad de Dios sobre este tema? Si estoy divorciado(a) ¿puedo volver a casarme? Estoy divorciada y mi marido está vivo ¿puedo volver a casarme? ¿Puedo divorciarme para volverme a casarme? Mi esposa(o) está muerta(o) ¿puedo volver a casarme?, en fin una interminable lista de preguntas que hoy en día surgen por causa de la ignorancia que existe sobre este tema y sobre todo por la falta de enseñanza de la Voluntad de Dios sobre este tema (la cual está expresada claramente en Su Palabra – La Biblia).
De modo que para poder entender el problema del divorcio, primero necesitamos responder la pregunta de si el pecado original, tuvo que ver con la ruptura del orden establecido por Dios desde el principio para el matrimonio, para eso estaremos utilizando como texto central la enseñanza que El Señor Jesucristo nos dejó en los evangelios sobre el tema de Matrimonio y Divorcio, ya que fue de esos dos temas que él hablo como una parte de su ministerio terrenal, producto precisamente de una pregunta formulada por los religiosos de su época y que hoy no hay duda que también muchos cristianos serios y personas del mundo también se hacen.
(Mat 19:4-9) Y respondiendo Jesús, dijo: ¿No habéis leído que aquel que los creó, desde el principio LOS HIZO VARON Y HEMBRA, y añadió: “POR ESTA RAZON EL HOMBRE DEJARA A su PADRE Y A su MADRE Y SE UNIRA A SU MUJER, Y LOS DOS SERAN UNA SOLA CARNE”?
Por consiguiente, ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe. Ellos le dijeron*: Entonces, ¿por qué mandó Moisés DARLE CARTA DE DIVORCIO Y REPUDIARLA? El les dijo*: Por la dureza de vuestro corazón, Moisés os permitió divorciaros de vuestras mujeres; pero no ha sido así desde el principio.
Y yo os digo que cualquiera que se divorcie de su mujer, salvo por fornicación, y se case con otra, comete adulterio.
Lo que Dios junto = Matrimonio
Repudiare a su mujer = Divorcio
Es decir no podemos dejar de lado que él Señor dice que al principio no fue así, en pocas palabras Dios no hizo provisión para el divorcio, sin que eso signifique que Dios no sabía que tarde o temprano se producirían divorcios. Esto nos muestra categóricamente que la Voluntad de Dios es que el hombre y la mujer que están casados, que están unidos por la voluntad de Dios en matrimonio; no se Divorcien, es decir, que no busquen pretextos para divorciarse ya que no hay razón alguna para que los que están unidos por Dios busquen separarse. Además de eso vemos que el Señor dice que la única causa posible para que una pareja de esposos pudieran divorciarse es por causa de fornicación. Esto es así porque todo acto inmoral que este incluido dentro de fornicación significa la ruptura del pacto que se establece cuando un hombre y una mujer están unidos por el Señor (explicaremos el tema del pacto matrimonial más adelante).
Note que estamos afirmando “los que están unidos por el Señor”, ya que no todas las parejas que se unen están unidas por Dios, muchos matrimonios se realizan por conveniencia, por cubrir un pecado o por acumular poder o riqueza, etc., de modo pues que tanto los que se separan por “cualquier causa” o se casan indebidamente están dentro de lo que el Señor dijo: -por la dureza del corazón- pero no porque así Dios lo quiera y mucho menos porque esa sea Su Voluntad perfecta. Sin embargo eso no significa que los que no están unidos por el Señor busquen divorciarse o separarse, lo único que estamos dejando claro hasta aquí, es que muchas veces el ser humano hace cosas fuera de la voluntad de Dios y luego está queriendo responsabilizar a alguien más de sus errores y fracasos, y muchas veces oímos que responsabilizan a Dios de sus mal proceder.
En ese sentido hasta aquí hemos podido aprender que el matrimonio definitivamente es una de las bendiciones más grandes que Dios le ha dado a hombres y mujeres, ya que es un marco de protección y seguridad que solo Dios quien lo diseño e instituyo, puede garantizar; mucho más aun cuando la pareja de esposos a rendido sus vidas a Cristo, reconociéndolo como Señor y Salvador deseando vivir según el estándar de Dios registrado en la sagradas escrituras:
(Eph 5:21-33) sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo. Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor. Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo El mismo el Salvador del cuerpo.
Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo.
Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada.
Así también deben amar los maridos a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.
Porque nadie aborreció jamás su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, así como también Cristo a la iglesia; porque somos miembros de su cuerpo.
POR ESTO EL HOMBRE DEJARA A SU PADRE Y A SU MADRE, Y SE UNIRA A SU MUJER, Y LOS DOS SERAN UNA SOLA CARNE.
Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia.
En todo caso, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido.
Es por eso que podemos afirmar que todas las parejas (un hombre-una mujer) que están unidas en matrimonio, sobretodo que no sean creyentes, necesitan ponerse urgentemente y sin perder tiempo bajo la protección de Dios, no porque sus matrimonios no sean validos necesariamente sino porque están a merced de sus propias decisiones y conceptos seculares que tengan del matrimonio. No sería extraño ver, que si no rinden sus vidas a Cristo, estén pensando, uno de ellos o los dos; en separarse o incluso divorciarse, y esto solo será posible evitar si se arrepienten de su estado de vida actual en pecado, es decir por estar muertos en sus delitos y pecados, por ser incrédulos. Incluso casarse sin haber conocido a Dios los pone en una situación muy frágil, porque cada esposo tendrá sus propios conceptos e ideas de lo que es un matrimonio, de modo que el único camino para el perdón de sus pecados es Jesucristo.
Estas parejas necesitan venir a Dios arrepentidos de sus pecados y volver sus ojos al Señor. Necesitan aceptar el sacrificio de Amor que Dios proveyó en la persona del Señor Jesucristo, para que como afirma la Biblia que todo aquel que crea en El no se pierda mas tenga vida eterna.
Podemos ver con toda claridad entonces que no importa si están “bien casados” y todo va “bien”. Sin Cristo, están sin Dios; y sin esperanza, expuestos a las garras del maligno; y no solo ellos, sino también sus hijos ya que no cuentan con la Bendición de Dios (recordemos que toda persona que no está en Cristo esta bajo la ira de Dios). La bendición solo puede venir cuando Jesucristo es Señor y Salvador de nuestras vidas. Toda pareja que este unida en matrimonio y no tiene a Cristo se pierde la gran bendición descrita en la Biblia en Efesios 5:21-33.
Este pasaje de la Palabra de Dios (Efesios 5:21-33) nos muestra categóricamente que ninguno que profese ser hijo de Dios nacido de nuevo en plena comunión con el Señor estará maquinando en su corazón separarse de su esposa o esposo, y mucho menos divorciarse ya que la Gracia de Dios y el Amor de Dios son suficientes para lograr la felicidad duradera en un matrimonio, lo cual no significa ausencia de problemas. Aquí en este pasaje ni siquiera hay la más mínima posibilidad de ruptura sino todo lo contrario se habla de un continuar mejorando y mejorando, así como Cristo amó a su iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla y presentársela a sí mismo una iglesia que no tenga ni manchas ni arrugas.
Pero para poder seguir profundizando en este tema también tenemos que explicar a la luz de las escrituras el significado de la palabra fornicación y lo que implica la dureza de corazón y como el pecado original afecto grandemente la vida espiritual del hombre y su relación con Dios.
En la Biblia encontramos los términos fornicación y adulterio. Estos dos términos se refieren a conductas sexuales desordenadas, pecaminosas y contrarias a la Voluntad de Dios (Gálatas 5:19), pero podemos decir que adulterio está “incluido”, está dentro del rango de acción que envuelve el término fornicación ya que fornicación abarca todas aquellas acciones pecaminosas de todo tipo de desorden sexual (Romanos 1:29), estamos hablando de homosexualismo, lesbianismo, adulterio, bestialismo etc.
Este término también se usa mucho en la Biblia para relacionarlo con la idolatría, en los cuales se efectuaban ritos y prácticas sexuales aberrantes; por eso el Señor Jesús no utiliza el término adulterio cuando responde a los fariseos, ya que adulterio solo tipifica la infidelidad matrimonial.
Un adúltero o una adúltera es aquel que sostiene relaciones sexuales fuera del matrimonio, esto quiere decir un esposo con una mujer que no es su esposa y en el caso de una esposa con un hombre que no es su esposo, vemos pues que El Señor utiliza el término fornicación que es mucho más amplio en calificar y señalar actos inmorales referentes al sexo y a comportamientos espirituales pecaminosos, en ese sentido todo lo que tiene que ver con fornicación y adulterio es pecado, es contrario a la Voluntad de Dios y es por eso precisamente que es la ÚNICA causa posible de divorcio.
Pero no debemos dejarnos llevar por sutilezas o malas interpretaciones y malas aplicaciones de esta enseñanza, más adelante trataremos con toda claridad lo que la Biblia expone referente al divorcio, pero por ahora retengamos la instrucción de la Palabra que hasta aquí hemos analizado y continuemos.
Continuando entonces con las definiciones vemos por otro lado que la dureza de corazón es una condición de vida pecaminosa, un estilo de vida egoísta e insensible lo cual implica no amar al prójimo y mucho menos amar a Dios, y sobre todo no obedecer a Dios; como lo explican las escrituras:
(Eph 4:18-19) entenebrecidos en su entendimiento, excluidos de la vida de Dios por causa de la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su corazón; y ellos, habiendo llegado a ser insensibles, se entregaron a la sensualidad para cometer con avidez toda clase de impurezas.
(Salmos 81:10-13) Yo, el SEÑOR, soy tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto; abre bien tu boca y la llenaré. Pero mi pueblo no escuchó mi voz; Israel no me obedeció.
Por eso los entregué a la dureza de su corazón, para que anduvieran en sus propias intrigas. ¡Oh, si mi pueblo me oyera, si Israel anduviera en mis caminos!
Eso es lo que significa endurecimiento del corazón. Cuando usted decide hacer algo por sí solo, sin prestar ningún tipo de atención a lo que Dios ha revelado en Su palabra, en ese sentido usted está endureciendo su corazón, ya que Dios lo deja a sus propios designios y deseos, pero usted es responsable de ese endurecimiento.
Como podemos ver el tema del divorcio durante el ministerio terrenal de nuestro Señor, fue muy controversial y a la vez crucial, por eso los fariseos, una orden religiosa de aquellos tiempos, formulo la pregunta de qué hacer con el divorcio; ya que ellos tenían clara la enseñanza sobre este tema y por eso para poder evaluar el conocimiento del Señor sobre el divorcio y como pretexto de hallar en El alguna enseñanza pecaminosa para acusarle, le preguntaron si era licito repudiar a la mujer por cualquier causa, como vemos no le dijeron: ¿qué piensas del divorcio?. Si no que ellos querían hallar una razón para acusarle ya que en esos tiempos estos fariseos tenían claro el tema del divorcio según sus propias enseñanzas, las cuales no necesariamente eran correctas.
A modo de conclusión no hay duda que cuando hablamos de divorcio, la caída del hombre en el Edén, tiene que ver mucho con los casos de divorcio que hoy enfrenta tanto la sociedad como la Iglesia del Señor.
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