Posted on 21. Oct, 2009 by admin in Matrimonio y Divorcio
Todos aquellos que consideran el divorcio como algo totalmente pecaminoso, les decimos que sin duda lo es. Si es que no se ajusta a la enseñanza bíblica, debemos decir que la fe de un cristiano nacido de nuevo no debe ser evaluada por cuan moralista o falto de errores es en su vida. Ningún creyente nace maduro en la fe, un buen ejemplo de esto lo vemos en la vida del gran apóstol Pablo cuando nos dejo registrado que mucho de lo que él hizo lo hizo por ignorancia y no por contumacia (I Timoteo 1:12-17) y no solo eso sino como el mismo lo expresa de la siguiente manera:
1Ti 1:16 Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Cristo Jesús mostrase primero en mí, toda su clemencia, para ejemplo de los que habían de creer en él para vida eterna.
Esto no tiene que ver con nuestra experiencia antes o después de ser cristiano ya que muchos creyentes que han caído en pecado han sido restaurados por el Señor. De modo tal, que cualquiera que diga que no tiene pecado, tire la primera piedra. También, el que diga que no tiene pecado lo único que hace es engañarse a sí mismo. Por esto es bueno recordar que la Iglesia de Corinto era una iglesia llena de este tipo de problemas. Incluso existían grandes pecados de inmoralidad y desorden sexual, pero lo que no debemos olvidar es que eran cristianos nacidos de nuevo, salvos por la gracia y el amor de Dios a quienes el apóstol Pablo escribe:
1Co 1:1 PABLO, llamado á ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y Sóstenes el hermano,
1Co 1:2 A la iglesia de Dios que está en Corinto, santificados en Cristo Jesús, llamados santos, y á todos los que invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo en cualquier lugar, Señor de ellos y nuestro:
1Co 1:3 Gracia y paz de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
1Co 1:4 Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os es dada en Cristo Jesús;
1Co 1:5 Que en todas las cosas sois enriquecidos en él, en toda lengua y en toda ciencia;
1Co 1:6 Así como el testimonio de Cristo ha sido confirmado en vosotros:
1Co 1:7 De tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo:
1Co 1:8 El cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis sin falta en el día de nuestro Señor Jesucristo.
1Co 1:9 Fiel es Dios, por el cual sois llamados a la participación de su Hijo Jesucristo nuestro Señor.
Los hermanos de la iglesia de Corinto son reconocidos como santificados en Cristo Jesús. Llamados santos, de tal manera, que no les faltaba ningún don espiritual en los cuales el testimonio de Cristo había sido confirmado. Ellos solo esperaban la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Por otro lado tampoco estamos hablando de personas o instituciones que con gran liberalidad se deleitan en dejar las veredas derechas, por andar en caminos tenebrosos; que se alegran haciendo el mal, que se huelgan en las perversidades del vicio; cuyas veredas son torcidas, y torcidos sus caminos, como lo expreso el apóstol Pablo a los mismos corintios:
2Co 4:1 Por lo cual teniendo nosotros esta administración según la misericordia que hemos alcanzado, no desmayamos;
2Co 4:2 Antes quitamos los escondrijos de vergüenza, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por manifestación de la verdad encomendándonos a nosotros mismos a toda conciencia humana delante de Dios.
Otro punto que también debe ser aclarado, es que no todos los que están dentro de la iglesia física (local físico de la iglesia) son cristianos nacidos de nuevo viviendo en el Espíritu, en santidad y honor. Recordemos que muchos de los llamados así cristianos son carnales (no creyentes) e incluso algunos de ellos falsos hermanos. De modo pues, que no podemos pretender normalizar con reglas humanas todos los casos que se suscitan en la iglesia del Señor. Por eso, el apóstol Pablo una vez más nos aclara diciendo:
2Co 4:3 Que si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto:
2Co 4:4 En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la lumbre del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.
2Co 4:5 Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo, el Señor; y nosotros vuestros siervos por Jesús.
2Co 4:6 Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.
Y otra vez dice:
2Co 13:5 Examinaos a vosotros mismos si estáis en fe; probaos a vosotros mismos. ¿No os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros? si ya no sois reprobados.
2Co 13:6 Más espero que conoceréis que nosotros no somos reprobados.
2Co 13:7 Y oramos a Dios que ninguna cosa mala hagáis; no para que nosotros seamos hallados aprobados, mas para que vosotros hagáis lo que es bueno, aunque nosotros seamos como reprobados.
2Co 13:8 Porque ninguna cosas podemos contra la verdad, sino por la verdad.
2Co 13:9 Por lo cual nos gozamos que seamos nosotros flacos, y que vosotros estéis fuertes; y aun deseamos vuestra perfección.
2Co 13:10 Por tanto os escribo esto ausente, por no tratar presente con dureza, conforme a la potestad que el Señor me ha dado para edificación, y no para destrucción.
Aclaremos una vez más, que no estamos tratando de leyes humanas o de tribunales que juzgan sin misericordia, estamos escribiendo para todos aquellos que son del cuerpo de Cristo. Para los creyentes que han nacido de nuevo, y que están caminando en santificación, puestos los ojos en el autor y consumador de la fe, Jesucristo nuestro Señor, pero que mientras dura el tiempo de nuestra peregrinación nos hemos visto envueltos en este tipo de conflictos y también para aquellos hijos de Dios que en un tiempo de sus vidas se apartaron del camino del Señor. Muchos por ignorancia se divorciaron o se casaron de nuevo. Así mismo, a todos aquellos que andando en su ignorancia no conociendo al Señor y también vivieron estas experiencias, y que ahora al llegar a los pies del Señor necesitan de la Palabra a tiempo para hallar el oportuno socorro, y el descanso para sus almas. Recordemos que nadie se someterá por amor a la Voluntad de Dios si primero no ha tenido un encuentro personal verdadero con Cristo, y ha nacido de nuevo por el poder del Espíritu Santo.
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