La doctrina bíblica de la humanidad, deidad, y persona de Cristo. (5)

La doctrina bíblica de la humanidad, deidad, y persona de Cristo. (5)

Posted on 19. Apr, 2009 by admin in Jesucristo

III. Perspectiva del autor 

¿Cómo podía Jesús siendo un hombre ser Dios? Esa es la pregunta que necesitamos responder. El apóstol Juan en el primer versículo de su evangelio (Juan 1:1) deja sentada esta verdad en forma magistral; está dejando claro que Jesús es Dios, porque nos afirma que Jesús desde el principio ya estaba presente aun antes de la creación; por eso podemos entender porque se nos dice que estaba en el seno del Padre, como lo afirma la escritura: 

(Juan 1:18)  Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, El le ha dado a conocer.

Casi inmediatamente después leemos: «A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer» (Juan 1:18). ¡Pero sabemos por todo lo que hasta aquí hemos tratado; es que hay algunas personas que han visto a Dios! Entonces lo que ese versículo significa es que nadie ha visto a Dios el Padre. Siempre que las personas han visto a Dios, es al Señor Jesucristo, el Hijo, es al Hijo a quien vieron cuando se manifestaba en teofanías. Ese era «el Ángel del Señor». Al Hijo se le distingue del Padre, y por esta razón se lo describe como “en el seno del Padre”. Sin embargo, verle a Él es ver a Dios, porque El expresa y declara a Dios perfectamente. Claramente hay una distinción de sujetos. No obstante, hay solamente un Dios viviente y verdadero. No debemos pensar que hemos sido privados de algo por no haber visto al Padre. Recordemos que Jesús anunció ante el mundo: “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30); “El que me ve, ve al que me envió” (Juan 12:45); “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?” (Juan 14:9).

Leemos en la Escrituras que cuando Jesús habló en términos tan íntimos acerca de Dios como su Padre, los judíos procuraron matarle (Juan 5:17-31). Ninguno disputaba el hecho de que el Padre era Dios. Nunca había sido puesto en duda, pero el lenguaje de Jesús implicaba claramente que El se consideraba igual al Padre: es decir igual a Dios. Ellos sabían que solamente había un Dios, y que el Padre era ese Dios. A pesar de los indicios en el Antiguo Testamento que hemos examinado, no podían concebir que más de uno fuese Dios, aunque ignoraban claramente la pluralidad en Dios. La mera idea de una pluralidad en la Divinidad era algo que les resultaba inaceptable. Comprendían que Jesús pretendía ser igual a Dios y esto significaba para ellos, que Jesús cuando afirmaba ser Dios; ellos entendían que esa afirmación significaba que otro que no fuera el Padre sobre todo un “hombre” como podía ser Dios. Para ellos esto era una blasfemia, lo cual explica por qué quisieron matarle. Se aferraban tan ferozmente a la deidad del Padre que no podían concebir la deidad en otro (Juan 8:53-59). Está claro por lo que la misma Biblia enseña que estaban equivocados acerca de lo segundo, pero no estaban equivocados acerca de lo primero. El Padre es Dios.  

CONCLUSION 

En la Palabra de Dios escritura tras escritura se habla de la misteriosa verdad que hemos considerando. En ese sentido podemos afirmar que Él Señor Jesucristo es Dios por cada enseñanza de la Escritura que afirma tal verdad sobre su persona. Simplemente pensemos en las maneras en que se le describe; no sólo es el Verbo de Dios (Juan 1:1), y la fiel representación de su naturaleza (Hebreos 13, RV-77); sino que también es en “forma” de Dios (Filipenses 2:6), como dice la Biblia “la imagen del Dios invisible” (Colosenses 1:15; 2 Corintios 4:4). Vemos como esta gran verdad se enfatiza constantemente. Entendemos claramente entonces que Él Hijo no podría ser lo que es; sin Dios el Padre. Cristo es lo que es; por causa de Dios el Padre.

Es importante subrayar que esta relación entre el Hijo y el Padre no tuvo principio, sino que se ha dado desde siempre. No debemos pensar que Jesús es llamado “Él Hijo” solamente desde su nacimiento como Hombre en el mundo. Juan 1:14-18 deja claro que fue al hacerse carne que los hombres vieron al unigénito del Padre, pero que Él era ya, el Unigénito antes de aquel evento glorioso. Es decir era el amado Hijo de Dios antes de que Dios creara el universo (Colosenses 1:14-20). No fue ésta una posición de igualdad a la que llegó después. De la misma manera, antes de hablar de su nacimiento tanto Romanos 1:3 como Gálatas 4:4 le describen cómo siendo el Hijo de Dios. Antes que viniera en semejanza de carne de pecado, Él era el Hijo de Dios (Romanos 8:3). Antes que Dios le enviara al mundo, Él era el Hijo de Dios (Juan 3:16; 1 Juan 4:9).

Así mismo Hebreos 1:5-8 es un pasaje especialmente importante. Declara que, como Hijo, el Señor Jesucristo es Dios y reina en un trono eterno. Es Él quien, como “Él Primogénito”, es introducido en el mundo. Sin embargo su calidad de Hijo es eterna. Podemos afirmar entonces que esta relación con Dios el Padre no tuvo principio. Sin embargo la Biblia nos enseña que esta gran verdad va más allá de nuestra comprensión: “Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” (Mateo 11:27).  

Finalmente leemos en Juan 5:16-47; Jesús dice tener vida en sí mismo al igual que el Padre. Es decir al contrario que nosotros, a Él no le fue dada la vida por otro. La Palabra de Dios afirma que Él tiene vida en si mismo. Sin embargo, podemos notar que continúa diciendo que tiene vida en sí mismo solamente porque su Padre le dio esta cualidad (versículo 26). Podemos ver también que la acción divina de levantar a los muertos también le pertenece al Hijo de Dios (versículo 25); sin embargo, nada puede hacer por su propia iniciativa. Todo el poder que Jesús ejerce es debido a su Padre que le envió al mundo y cuya voluntad Él se deleita en complacer (versículos 30,36). El pasaje entero nos muestra que sin lugar a dudas Jesús es Dios; en y por sí mismo. Pero también es evidente que el Hijo no sería nada en absoluto si no fuera por Dios el Padre. Es decir Jesús es tanto hombre como Dios. Una excelente  definición teológica dice lo siguiente: 

“En la encarnación del Hijo de Dios, una naturaleza humana se unió inseparablemente y para siempre con la naturaleza divina en la persona de Jesucristo, mientras las dos naturalezas permanecen distintas, completas y sin cambio; sin mezclarse o confundirse, de manera que una única persona resultó ser verdadero Dios y verdadero hombre” [1]  


[1]Walter A. Elwell, Evangelical Dictionary of Theology [Diccionario Evangélico de Teología] (Grand Rapids, Michigan: Baker Book House Corp., 1984), p. 540.

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